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Súper amplia, la chimenea se usa también como parrilla.  Foto: Living 

Un quincho de chapa para reuniones distendidas

El equipazo formado por el diseñador Pablo Ledesma y el arquitecto Martín Lhez convirtió un tinglado en el fondo de una casa en un espacio que retoma la idea del galpón de campo en cancherísima clave actual.

Por Arq. Eugenia Cides y Santiago Ciuffo | Para Living

Los dueños de casa les dieron vía libre al diseñador y restaurador Pablo Ledesma y al arquitecto Martín Lhez para diseñar el quincho con el estilo y los materiales que quisieran. La dupla optó por usar chapa patinada para recubrir las paredes y el cielo raso, lo que le dio al ambiente un carácter único y aire de antaño.

Ángulo a ángulo, descubrimos este genial refugio que se volvió centro de la vida familiar.

 
Para mitigar el calor en verano, se colocó una capa aislante entre el techo y el cielo raso, y un ventilador.  Foto: Living  / Santiago Ciuffo

“La base para construir el quincho fue un tinglado al fondo del jardín. Lo único que había era un techo y una chimenea. Conservamos ambos”, detalla Pablo Ledesma, agregando que: “Conseguimos un lote de chapa que fue casi milagroso: nuestra idea era pintarlo de negro, pero éste ya tenía una pátina espectacular que dejamos tal cual”.

 
Junto a la pileta, reposeras de madera (Lucila Sackmann) con juego de toallones blancos ($1.070) y manta ($1.150, todo de Claudia Adorno).  Foto: Living  / Santiago Ciuffo

En el centro de la escena se dispuso una gran mesa hecha con tablones de lapacho gris (Pablo Ledesma) combinada con sillas de hierro que los dueños de casa ya tenían. Y con la misma madera se realizaron los muebles con mesada y espacio de guardado a cada lado de la chimenea.

 
A la izquierda, la zona húmeda, con una antigua bacha de loza inglesa.  Foto: Living  / Santiago Ciuffo

El quincho también tiene un baño, que se construyó a nuevo y se forró como una caja con tablones de lapacho gris, idénticos a los usados en los muebles. Se completó con una bacha antigua, repasador de flecos ($110, Claudia Adorno), un espejo forrado en chapa galvanizada y un caballete como apoyo.

 
El piso original de piedra se mantuvo. Material noble si los hay, envejece dignamente sin ningún tratamiento.  Foto: Living  / Santiago Ciuffo

“Es increíble cuánto disfrutamos de este lugar. Al principio lo usábamos sólo para los asados, pero a mis hijos les gustó tanto que ahora lo usan hasta para sentarse a estudiar”, nos cuenta Soledad, dueña de casa, y no nos sorprende.

Acogedor, el espacio se dejó totalmente abierto al jardín, sin cerramientos, lo que le da un plus que mezcla el adentro con el afuera. Y para los días fríos de invierno, basta con el calor del hogar para regular la temperatura.

El quincho, detalle a detalle

El espacio era una obra que los anteriores dueños de la casa habían planteado y abandonado a mitad de camino. Lo único concretado era la instalación de agua.

 
La madera es el material estrella del espectacular ambiente.  Foto: Living  / Santiago Ciuffo

Además de la zona de comedor, se construyeron un depósito y un toilette (que vimos arriba). El acceso es a través de dos puertas de rancho gemelas, que tienen picaportes de hierro oxidado y están pintadas con esmalte blanco brillante.

Contra la pared exterior del baño se dispuso una ducha de jardín para usar en verano. Con el tiempo, ese sector se cubrirá de jazmines trepadores.

 
En el detalle, los tableros eléctricos y de riego quedaron contenidos en antiguas cajas de luz industriales.  Foto: Living  / Santiago Ciuffo

A tono con el estilo, la instalación eléctrica se hizo con caños a la vista, cajas de luz industriales y plafones de pared diseñados por Pablo Ledesma.

Usando la misma madera de lapacho para recubrir la mesa, realizar los muebles de cocina y revestir el baño, se cohesionaron los sectores con rústica calidez.

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