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Un gran ventanal es el encargado de darle luz natural al departamento.  Foto: Living  / Javier Picerno

Antes y después: Un dúplex editado a través de múltiples mudanzas

Siete cambios de casa entrenaron a este joven ejecutivo de marketing en lo que a embalar y desembalar respecta, dándole un sexto sentido para identificar lo esencial y cómo disponerlo a la velocidad del rayo. Aquí, el resultado de esta gimnasia.

Por Alejandro Altamira y Javier Picerno | Para Living

“En mi cuarto tengo una máquina de remo con la que me ejercito una hora por día, moviéndome en el mismo lugar, como si fuera una bicicleta fija. A veces, en esa situación, noto algo que no me gusta de mi casa. Y ahí soné: no puedo dejar de mirarlo. ¿Viste cuando te sale un grano y sólo ves eso mientras te lavás los dientes?”, se ríe Santiago de buena gana. “No aguanto estar en un lugar que no me gusta: soy muy sensible a lo visual”, admite, mientras nos abre las puertas de su hogar.

Lo que nos cuenta suena absolutamente lógico: en este espacio de planta abierta no hay lugar para esconder nada; lo que está tiene peso y presencia; de ahí la necesidad de editar a rajatabla. Y al tratarse de lo que, por el momento es su residencia estable, el aspecto humano frente a semejante compromiso se hacía fundamental.

 
La pared blanca frente al sillón naranja es la ‘pantalla’ del proyector de Santiago.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Contacté al Estudio Soda porque conocía a uno de sus socios, el arquitecto Damián Parodi: para mí era indispensable encarar la compra y el proyecto de reforma de mi casa ‘definitiva’ con quien tuviera una relación fluida, más allá de la estricta proveedor-cliente”, relata Santiago, a quien el trabajo llevó a vivir en un par de ocasiones a Suiza (dos de las siete mudanzas contabilizadas). “A su vez, ellos me recomendaron al Estudio Primal, que tuvo a cargo la dirección de obra, el desafío de materializar lo proyectado, y que agregaron mucho valor también al acompañarme en ciertas decisiones de colores, materiales, terminaciones, tamaños y, sobre todo, proveedores que cumplieron con tiempos y calidades”.

La casa editada

“El sillón naranja (ver foto de arriba) llama mucho la atención, pero no es gran cosa: lo compré un sábado cualquiera en Ikea”, casi que se excusa Santiago, para proseguir contando las historias detrás de su mobiliario. En el caso del gris sobre el que está retratado en la foto de apertura, el paso del tiempo ha dejado rastros, pero su dueño lo quiere porque lo acompaña desde que dejó la casa de sus padres. “Es una especie de hilo conductor de mi recorrido. Además, su color neutro me viene bien para equilibrar el otro”.

 
Silla con apoyabrazos tipo escandinava (comprada hace añares sobre Av. Juan B. Justo) a la que Santiago le mandó a cortar las patas unos 10cm. "Tenía dos: una se la regalé a unos amigos en alguna mudanza porque les encantaba".  Foto: Living  / Javier Picerno

Un espacio tan luminoso y feliz no podía ser sino el resultado de una seguidilla de buenas decisiones. “Haberme mudado tanto fue una gimnasia. Cada vez tengo más claro qué me gusta y qué no. El haber vivido afuera no me cambió tanto en ese sentido. Sí en exponerme a otro tipo de materiales y objetos”, explica nuestro anfitrión. Pero nada de eso opaca lo realmente importante: “¡Mi gata! Se llama Elvira, es argentina y me acompañó a Suiza. Sin ella, mi casa no es mi casa”.

 
Vajilla de colores especial para cuando Santiago recibe a su familia y amigos.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Desde que llegué, cambié todo de lugar como tres veces (¡esa libertad te da no tener paredes!). Debe ser un síndrome del mudador serial: cada tanto sentís la necesidad de vivir en otro lado, aunque estés en la misma casa”.

Uno de estos impulsos de renovación lo sintió un día, después de comer en Oporto (restaurante diseñado por Horacio Gallo), cuando se le ocurrió pintar de negro las lámparas que le habían dejado. “Las arquitectas de Estudio Primal me indicaron cómo hacerlo y sugirieron combinarlas con otras de mimbre”.

Paso a paso de una trasformación

“Sacamos el polvo de la pared con cepillo, aplicamos una mano de sellador al agua y tres de látex blanco. Entre mano y mano, aparecen los agujeritos del ladrillo (que se ven como un círculo negro desde lejos); los tapamos con enduido, dejamos secar bien, y así sucesivamente. Otro consejo: proteger muy bien los pisos, porque salpica mucho pintar este material con rodillo”, detallan las arquitectas Marina Marin y Karina Pafundi, de Estudio Primal.

 
Una vista desde arriba de cómo estaba el ambiente central del departamento cuando Santiago llegó a él.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Propusimos dejar el ladrillo por textura, costo y resultado: no es fácil revocar una pared y que la terminación quede bien, sobre todo con esa diferencia entre superficies y estructura: tenés que cargar perfectamente toda la pared, o se raja. Además, la pared de ladrillo es más sufrida que una grande de mampostería: si se desmorona o se cacha, se arregla con más facilidad”, agregan.

 
Al fondo, vemos cómo quedó la pared. Contra ella, Santiago dispuso sistemas de audio wifi ‘Sub’ y ‘Playbar’ de Sonos.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Trabajar en marketing me acostumbró a partir de lo visual para encontrar ideas, que luego serán conceptos y más adelante palabras. Creo que por eso me resulta fácil relacionarme con otras disciplinas. Acá fui muy permeable a aprender del arquitecto”. En este sentido, Santiago agrega que: “Estoy feliz de haber dejado la textura del ladrillo (que se nota aun pintado de blanco) y las carpinterías en negro, como me recomendaron desde el Estudio Primal. Al principio no estaba convencido, y ahora me copan”.

 
¿Pueden creer que se trate del mismo lugar?.  Foto: Living  / Javier Picerno

Increíble lo que se ganó con sólo eliminar un pequeño tabique que ocultaba el lavadero. El Estudio Soda decidió ubicarlo en lo que era la ducha del ayer baño completo (hoy toilette) en planta baja.

 
El resultado de la renovación del gran ambiente que une living y comedor habla por sí sola. Luz y colores llenan el espacio de alegría.  Foto: Living  / Javier Picerno

Tomando toda la pared del fondo, los muebles se trabajaron para dar continuidad. Se reemplazó el artefacto de cocina por un anafe a gas y un horno empotrado, que se colocó sobre un lavavajillas panelable.

“Lo de las sillas distintas no es producto de ningún rejunte: las compré el mismo día, junto con la mesa. Lo que pasó es que, como ninguna me gustó tanto como para tener todas del mismo estilo, elegí ocho diferentes”.

 
Tanto las sillas como las mesas son de Ikea.  Foto: Living  / Javier Picerno

¿Por qué tan grande la mesa? ¿Por una cuestión de proporción?, le preguntamos a Santiago. “Por eso y porque vengo de una casa de mesas grandes. Tengo dos hermanos, dos hermanas y a mis papás. Cuando vienen ya se arma una súper mesa. Al margen de que me gusta cocinar, recibir y que trabajo ahí también, mirando para el lado de la pared blanca”.

 
“Las láminas de Tintín son témperas que hizo mi abuelo. Era juez, pero también un gran habilidoso de la carpintería y el dibujo. Tenía las colecciones completas de Asterix, Lucky Luke y Tintín, y yo las leía mientras él pintaba”, recuerda Santiago.  Foto: Living  / Javier Picerno

Para ganar espacio y realzar el protagonismo de los ventanales, se reemplazó la escalera de dos tramos por una de un solo tramo. La limpieza y la “síntesis” se enfatizaron cubriendo con cemento alisado las baldosas originales. Y, definitivamente, es otra la impresión general sin el tono amarillento de la puerta, ¿no? Ni hablar del color ladrillo.

Cuando entramos al dormitorio, en la parte superior del depto, lo primero que llama a nuestra mirada es un cuadro azul y blanco, que es obra de Joaquín Molina, amigo de Santiago.

 
Las sábanas, el edredón y la cama con cajones son de Ikea.  Foto: Living  / Javier Picerno

“¡Quiero aclarar que todos los muebles de Ikea los armé yo! Con ayuda de amig@s, obvio. Me parece divertido el concepto; casi como un Lego para adultos”, bromea Santiago antes de señalarnos cómo en este sector se comparte la misma lógica que en la planta inferior, con un mueble tomando por completo la misma medianera para definir el borde del ambiente y dar espacio de guardado.

Recorriendo el dormitorio, no podemos refrenar la pregunta por la presencia de dos escritorios. “Uno -responde Santiago- es más nuevo; es como mi lado más tecnológico, el lugar donde investigo, webeo, etc. El otro es una mesa de cocina de mi bisabuela que fue escritorio de mi mamá y su hermana, y que me acompaña desde que me fui a vivir solo. Acá me siento cuando necesito reconectar con otras cosas”.

 
En el tocador se interrumpió por una vez el cemento alisado para poner porcelanato símil madera en el sector de ducha.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Haber puesto una ventana corrediza hizo que el baño comparta la luz y la sensación de amplitud del resto del departamento. De otro modo, hubiera sido un espacio oscuro y encerrado. Casi nunca tengo la luz encendida acá”.

 
Está claro que Elvira ya encontró su lugar. Nos mira desde arriba, obvio.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Las macetas colgantes me parecieron una manera muy piola de agregarle verde a semejante altura. Las puse cerca de la baranda para regarlas con comodidad. Tienen un cuenquito que llenás de agua y no chorrea ni nada”.

“Me hubiera gustado encontrar 100m2 en una planta (estos son 80). No siendo así, me pareció genial este departamento de doble altura con tanta luz. Me encanta la sensación de espacialidad, de hoja en blanco en la que podés hacer lo que quieras”, finaliza Santiago, mientras nos despedimos de él, Elvira y su encantadora casa.

Texto: Inés Marini.

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