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María Silvia frente a una obra del artista óptico Miguel Ángel Vidal.  Foto: Living  / Javier Picerno

Elegancia en estado puro: La casa de María Silvia Loitegui

La interiorista nos abre las puertas de su departamento, ubicado a pasos de Retiro: cálida bienvenida y clase magistral sobre cómo ambientar un hogar.

Por Silvina Bidabehere y Javier Picerno | Para Living

“Tengo el recuerdo de ser muy chica y pasar horas recortando las revistas House & Garden de mamá: me inventaba casitas para mí y para mis amigas”. Así desanda María Silvia Loitegui sus primeros pasos en el diseño interior. Luego vienen las imágenes de sus años como estilista en Para Ti; más tarde, cuando se casó y decoró su primer hogar (“un dos ambientes que empapelé de escocés y al que le pinté el hall de rojo furioso con pintura de auto”), recuerda la insistencia de sus amigos para que los ayudara con la decoración; después, sus años exponiendo en FOA.

Cuando María Silvia habla de su trabajo, las palabras parecieran no alcanzar la velocidad de sus ideas. Habla rápido, rapidísimo, sobre datos, inspiración, diseñadores. Ese fulgor fue quizás lo que impulsó a sus hijas, Milagros y Sylvie, ambas arquitectas, a seguir el mismo camino. “Ellas se ríen porque pocas veces tomo medidas y dibujo a mano alzada”, cuenta. “Que mis hijas sean arquitectas y podamos trabajar juntas es un regalo del cielo. Aunque estemos con proyectos diferentes, nos consultamos todo: hay una estética compartida”, agrega orgullosa.

Para explorar esta estética e inspirarnos con la elegante forma que tiene María Silvia de experimentar con texturas, luces y colores, visitamos su casa. Acompáñennos a conocerla. Vale la pena.

Puesto a nuevo

“Si me preguntás cuál es mi estilo, no lo sé. Lo mío es pura intuición. A veces me doy cuenta por los títulos que ponen sobre mis casas en las notas. Simple, atemporal, elegante son algunos de ellos”.

La intuición de la que nos habla se ve plasmada en cada metro de su morada, en la cual se animó a probar combinaciones de materiales que resultan tan curiosas como encantadoras. Un ejemplo claro de esto está en la ambientación que hizo en su comedor (ver en la foto de arriba). “Me di el gusto de entelarlo de terciopelo en un rosa empolvado -detalla-. Fue un experimento que quería probar antes de proponerlo a un cliente. Y para contrastar elegí el galón de yute con tachas”.

 
Tomando buena parte de la pared junto al sillón con apoyapiés, otra delicada obra de María Noel, una de las artistas preferidas de María Silvia.  Foto: Living  / Javier Picerno

Separado por una puerta doble de madera, el living se presenta como un ambiente pulcro y luminoso. Nada queda ya del espacio con el que se encontró María Silvia la primera vez que entró al que ahora es su hogar. “Este departamento estaba en ruinas, así que había mucho por hacer. Lo más importante fue pulir los pisos y pintar, ahí volvió a la vida. La pintura para mí hace magia”, nos cuenta.

 
El screen negro, un toque diferente para no tapar las fabulosas carpinterías de las ventanas.  Foto: Living  / Javier Picerno

Sobre estos básicos de la renovación, la interiorista sumó uno de sus equipos preferidos al sector de relax: fundas lavables, alfombras de yute, flores frescas y muchos libros. El toque final lo da una obra de su hijo Alejo, abogado devenido artista, la cual ocupa un lugar protagónico sobre el sofá de tres cuerpos.

 
María Silvia con sus hijas (una a días de tener a su primer hijo), divertidísimas, posan para esta nota. El collar que lleva la interiorista es de Julio Toledo.  Foto: Living  / Javier Picerno

El dormitorio tiene un coqueto nicho con un mullido Chesterfield en un tono más claro del “rosa empolvado” del comedor. “Y eso que lo puse antes de la moda del millennial pink”, se ríe. Arriba del mueble, láminas del norteamericano Cy Twombly, un artista al que siempre admiró.

 
El detalle vintage lo dan dos baúles al pie de la cama.  Foto: Living  / Javier Picerno

Llama la atención la unión de rojo y rosa, otra combinación osada pero efectiva aplicada por la dueña de casa. A tono, la cama tiene sábanas con galones (Angelina Linen) y un llamativo respaldo hecho a partir de un biombo.

Amor por el detalle

“Las pequeñas cosas de la vida son las que te dan felicidad. En las casas es lo mismo: que esté prolija, con perfume y flores, algo rico en la cocina. Eso siempre es un buen comienzo”, señala María Silvia, mientras ingresamos a este último ambiente.

 
Una cheesecake (Delfinette) y alhelíes frescos (Blumm Flower Co.) le dan el toque final de calidez hogareña a la cocina.  Foto: Living  / Javier Picerno

Aquí se recuperaron los pisos de madera tarugada y se reformaron las alacenas, llevándolas a un blanco inmaculado, interrumpido solamente por las mesadas de mármol negro.

 
Una silla estilo victoriano con tapizado negro es el único mueble incluido en el espacio.  Foto: Living  / Javier Picerno

Por último, la estrella del pallier pintado de un gris-celeste que María Silvia creó a fuerza de mezclar y probar (nunca compra “colores hechos”) es el inmenso mapa antiguo de América del Sur. Lo compró en un remate para un cliente que, después, se arrepintió por considerarlo demasiado imponente. A ella le vino perfecto para acompañar las dimensiones de este espacio, que dejó prácticamente vacío porque es donde juegan sus nietos, triciclo y todo.

De puño y letra

Herencia. “Tuve la suerte de tener una madre con un gusto impecable y mucha gracia: compraba en remates, anticuarios, ferias de usado. Nada demasiado lujoso, pero ella hacía que quedara espectacular”.

Bienestar. “El presupuesto acotado te limita, pero el ilimitado no te genera bienestar. Hay detalles en una casa que nada tienen que ver con el dinero: orden, iluminación, música”.

Menos es más. “Tengo un solo juego de platos y de cubiertos. Con ellos recibo a mis amigos y a mis hijos cuando vienen a comer”.

Iluminación, la clave. “Puede ser un espacio maravilloso, pero si está mal iluminado, todo está mal. El dimer es un buen recurso para generar clima de manera muy económica, por ejemplo. La luz cálida, en lugar de la fría, siempre”.

Acústica. “Entelé el comedor, porque el terciopelo es genial para la acústica. Y los que nos conocen saben que en casa todos gritamos, así que es perfecto”.

Pintura. “Cuando uno no puede hacer grandes cambios o reemplazar un mueble, pintar es una solución rápida. Uso muchísimo la pintura. Los pintores son mis magos”.

Fascinación. “El diseño argentino, tanto el tradicional como el actual: mimbres, tejidos artesanales, platería”.

Paciencia. “Cuando quiero algo, lo espero, no lo reemplazo por otra cosa. No me gusta convivir con algo que no me provoca emoción”.

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