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Virginia Escribano, creadora y responsable de Aires de Bohemia.  Foto: Javier Picerno

Un taller verde para dar rienda suelta a la creatividad

Con técnicas básicas, esta emprendedora generó un lugar donde explorar los talentos propios y fogonear el femenino arte de poner linda la casa.

Por Cristina Solanet y Javier Picerno | Living

Virginia Escribano, creadora del proyecto Aires de Bohemia, se instaló en un local de dos plantas en Colegiales. La restauración comenzó por la fachada, antiguamente de cerámicos, que se revistió con madera pintada y desgastada. Un cartel de chapa oxidado termina de definir el estilo de la entrada.

“Tomó dos meses de obra transformar lo que había sido una veterinaria en un espacio que nos representara. Empezamos por el frente; se tenía que despegar del resto de la cuadra y me jugué por el blanco”, explica.

En el primer piso, la emprendedora aprovechó la luz natural para montar el estudio donde se toman fotos para la web, las que ilustraron su libro Muebles recuperados y todo proyecto que se desprende de la escuela.

 
El escritorio es una mesa de fórmica con tapa en découpage; la cajonera de interior de placard se tuneó con un tratamiento de pintura en degradé y ruedas cromadas. Complementan estantes, mesitas y bancos de distinto origen engamados en blanco.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Esta zona era un vacío que balconeaba a la planta baja, pero cuando vi la nube verde, dije: ‘Quiero mi bunker acá’. Entonces lo cerramos ampliando el primer piso”.

 
En este sector se hizo un piso de machimbre que Virginia se encargó de patinar ella misma.  Foto: Living  / Javier Picerno

Junto al ventanal, un muestrario de lo que se hace en los cursos: la silla jardín, una mesa ratona de cardón reciclada con estilo nórdico y recipientes varios de distinto origen transformados en pintorescas macetas.

 
Silla de hierro pintada y varios hallazgos de la calle: la olla que se usa como maceta y una escalera como repisa. Al lado, una silla francesa se convirtió en jardín vertical.  Foto: Living  / Javier Picerno

En muchos casos, las piezas de descarte tienen atractivas formas y texturas, pero no se pueden recuperar para su función original. Así, sillas destartaladas y viejas aberturas pasan a formar parte de la decoración.

 
Viejas valijas le dan un toque especial al ambiente.  Foto: Living  / Javier Picerno

“Las cosas no se hacen de un día para el otro: las tenés en la cabeza y vas pensando hasta ese segundo tan ansiado en el que ves algo y te dispara una idea. El truco es encontrar ese momento de inspiración y no soltarlo”.

 
En la zona de lavado, junto a la cortina de tiritas, cuelgan los delantales de trabajo (todo de Surtido Hules).  Foto: Living 

De las mismas latas de pintura surge la posibilidad de llenar las paredes con las combinaciones de color más impactantes, como puede verse en la instalación sobre la chapa que cubre un sector de la planta baja, originalmente revestido con azulejos.

 
La chapa acanalada y las arañas de caireles definen el look de “galpón primor” que caracteriza el aula principal.  Foto: Living  / Javier Picerno

La gran mesa de trabajo de 3 x 1,6 metros tiene estructura de pino tea y tapa de pino Oregón recuperado; puede reunir hasta 20 personas y tiene encastres para separarla en dos partes cuando se necesita espacio libre. Se trata de una creación de Oscar, carpintero y parte del staff de profesores. La acompañan sillas de escuela con estructura oxidada.

Texto: Lucrecia Álvarez.

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