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Vista desde la terraza del departamento en Retiro del fotógrafo José Pereyra Lucena.  Foto: Living  / Pompi Gutniski

Como en la playa, de cara a la ciudad

El fotógrafo José Pereyra Lucena orquestó su mundo para vivir como en la playa, pero de cara a la gran ciudad en un último piso del barrio de Retiro.

Por Silvina Bidabehere y Pompi Gutnisky | Para Living

"Lovely Day”, de Bill Withers, suena desde un vinilo mientras entramos en lo de José Pereyra Lucena. Por el inmenso ventanal del fondo asoman las torres, las vías del tren, un avión que enfila hacia Aeroparque: una postal porteña pura que le quitó el aliento la primera vez que visitó el lugar. “En esa época era la casa de un amigo, y yo enseguida me soñé viviendo ahí”.

Ese amigo fue el que reformó el departamento en el último piso en la torre –años ha, la casa del encargado– para ganarle metros a una terraza demasiado grande; también, el que se la ofreció a José antes de mudarse.

Él se apropió de este lugar a su modo: lo pobló de plantas, trajo algunos muebles regalados, otros reciclados. Y regó –de manera espontánea, sin regirse por mandatos decorativos– sus obras fotográficas y la colección de piedras y miniaturas de animales que atestiguan sus kilómetros recorridos en buena compañía.

Es que José viaja junto a Germán Martitegui y el “Proyecto Tierras” en busca de productores y sabores en lo profundo de Argentina y, además, se escapa cada vez que puede a Brasil y Uruguay. Un buscador de tesoros, en todas sus formas posibles.

Cocina

Quínoa de Cachi, dulce de leche de cabra de San Juan, azúcar mascabo de Misiones: la cocina de esta casa es pequeña pero nutrida. “El Proyecto Tierras me llevó a descubrir productores argentinos que te sorprenden con sabores inesperados”, dice el fotógrafo.

Desde cuadritos de animales y platos de Los Inmortales hasta aceites y licores exóticos, todo agrega historia y vida. Mientras que la mesada de madera es la encargada de dar calidez, la mesita de hierro separa visualmente y suma un punto de apoyo al cocinar.

 
Con anchas juntas de madera dispuestas en diagonal, los pisos de cemento alisado se hacen notar.  Foto: Living  / Pompi Gutniski

Dormitorio

Como su cuarto es lugar de paso, José apoyó la cama contra una de las paredes, para que el paso hacia el living fuera más amable. Las alfombras del Norte hacen equipo con una silla 'Eros', de Philippe Starck para Kartell que le regaló una amiga, y una cómoda que viene de un local de camisas que cerró.

"Como estaba todo unido y sin puertas, mandé a hacer estos barrales con cortinas de lino gris para separar mi cuarto del resto de la casa", cuenta.

 
Alfombras del Norte hacen equipo con una silla 'Eros', de Philippe Starck para Kartell, y una cómoda que viene de un local de camisas que cerró.  Foto: Living  / Pompi Gutniski

La fotografía "Resplandor del Este", que corona la cama, se sacó una noche de bruma en Punta del Este con una exposición larga que atrapó los reflejos de luz de la ciudad sobre el mar. "Tengo ventanales con vistas tan urbanas que pensé que las obras que colgara deberían generar un contraste marcado: ser ventanas al campo y a la playa". Logradísima intención.

En el baño, no se tocaron los artefactos ni la mesada, con la clásica bacha con molduras, bien años 80.

 
El género de gran caída le da otra categoría a la cortina de ba?o y la lámina de calavera comprada en Los Ángeles hace la enorme diferencia.  Foto: Living  / Pompi Gutniski

Living y escritorio

Dos Ficus pandurata (vivero El Botánico) vinculan el interior con un afuera voluntariamente vegetal. La mesa ratona, un poco más alta de lo normal, muy cómoda para comer aprovechando una vista genial. Debajo de la ventana, el mueble con compartimientos abiertos es el lugar de la colección de vinilos. Sobre la tapa tiene almohadones (La Serine) y cueritos de oveja para hacer cómoda la reunión si llegan más invitados. Los sillones an~os 50 fueron regalo de una amiga.

"Compré esta alfombra persa en un remate de Breuer Moreno y la puse dada vuelta para que pareciera más rústica. Algunos creen que no me di cuenta y la puse al revés, pero a mí me encanta cómo queda de este lado", cuenta Lucena.

 
Dos Ficus pandurata vinculan el interior con un afuera voluntariamente vegetal.  Foto: Living  / Pompi Gutniski
 
A la derecha, la etérea obra que se ilumina representa el morro de Ipanema.  Foto: Living  / Pompi Gutniski

Sobre el escritorio (abajo), una colorida obra de Carlos Taquini. Las sillas se tapizaron con géneros de La Serine, la marca de decoración de su hermana Milagros. "Mi hermana fue mi gran consejera cuando tuve que decidir los qué y los cómo de mi casa. Igual, me guío más por la intuición que por la moda: trato de mezclar lo que tengo de la mejor manera posible".

 
La biblioteca de piso a techo, frente a la cocina, es perfecta para libros, vajilla y todo lo que no tiene lugar en las alacenas.  Foto: Living  / Pompi Gutniski

“Pampa lunática”, foto que José tomó en una luminosa noche en La Pampa. Enfrente de ella, la lámpara vintage con tres brazos rematados con bochas de opalina no puede ser mejor acompañante.

Terraza

La paisajista Elena Macome fue de gran ayuda para organizarla y aconsejar a José en la elección de las plantas adecuadas a su orientación.

"Ver tanto cielo y tanto verde en la ciudad es un privilegio. Cuando hay semejante amplitud detrás de la ventana, para mí la cantidad de metros cubiertos puede pasar a un segundo plano".

 
A la izquierda, vista a la Torre de los Ingleses y el Sheraton. Esta terraza-vergel se vive en plenitud.  Foto: Living  / Pompi Gutniski
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