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Sillón vintage en ecocuero envejecido ($9.500), puf de lana natural ($12.000, ambos, Las Condes) y silla tipo Eames con patas intervenidas (Feria de Anticuarios en la estación Barrancas, en Acassuso). En biblioteca de melamina blanca, libros, objetos de madera, macetas de colores ($900, Tienda Palac.   Foto: Living  / Javier Picerno
El living es el espacio más usado de la casa y por lo tanto, el más versátil. Aquí están los libros, la música, el sillón para relajarse y un gran puf circular que puede ser mesa o asiento según la ocasión .   Foto: Living  / Javier Picerno
El hall se ambientó con una mesa espejada con estructura de caballetes que da apoyo a una tupida composición de plantas naturales.   Foto: Living  / Javier Picerno
En el recibidor, mesita estilo escandinavo ($900, Falabella) y una bola de espejos.   Foto: Living  / Javier Picerno
Revestida en azulejos, la cocina originalmente tenía sólo el mueble bajo mesada y el colgante. Se generó un comedor diario con la barra en melamina con tapa de paraíso y dos banquetas recicladas por el dueño. Una lámpara industrial metálica da luz puntual sobre esa zona. La mesada, la campana extrac.   Foto: Living  / Javier Picerno
Sábanas blancas ($2.500, Arredo) y un plumón gris de Roberta Allen ($3.500, Falabella) tamaño Queen visten la cama con respaldo de melamina color ‘Concreto Metropolitan’ (Masisa). Sobre el taburete de cerámica ($3.500, Taller Galería Dawa), lámpara vintage ($300, Mercado de Pulgas de Dorrego) interv.   Foto: Living  / Javier Picerno
Muy simple, el escritorio de Juan se armó con cabellates y tapa de melamina. Aquí tiene su laptop y una lámpara ‘Tolomeo’ con brazo articulado, gran favorita de los arquitectos.   Foto: Living  / Javier Picerno
 

Pocos metros, un hervidero de soluciones

Con un formidable sentido práctico y gran creatividad, un arquitecto convirtió los ambientes de su departamento francés en hogar y centro de operaciones

Por Alejandro Altamira y Javier Picerno | Para Living

La avenida 9 de Julio bulle al final del día, una multitud entra y sale de la boca del subte. Muy cerca, las luces de Corrientes comienzan a encender la más clásica noche porteña. El ritmo de la ciudad se hace más intenso en sus puntos neurálgicos sembrados de fachadas francesas. Cuatro metros tiene la arcada que da paso al palier revestido en mármol Travertino, una cápsula sonora y fresca, como un pasadizo a otro tiempo. “Cuando vinimos por primera vez, lo primero que nos gustó fue la arquitectura de época y la ubicación”, recuerda el arquitecto colombiano Juan Pinilla. Lleva seis años en Buenos Aires y dos en este departamento que eligió para vivir con su pareja. El proyecto de su casa y el de su propio estudio crecieron en paralelo desde el mismo lugar. Aquí se reúne con amigos tanto como con socios y clientes; aquí proyecta, se inspira y también descansa. Por eso diseñó ambientes flexibles que lo representan en todas sus facetas. “Función, estética y arte”, enumera en un manifiesto profesional que se hace real cada día en su hogar-estudio en pleno Microcentro.

Texto: Lucrecia Álvarez..

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