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Foto: Living  / Daniel Karp

Tres vecinos nos muestran la decoración de sus espacios

Contemporáneo y clásico; creativo y colorido; funcional y despojado: cada uno de estos tres vecinos impuso en su departamento del sexagenario edificio Lanusse, icónico de zona norte, su combo de estilo

Por Daniel Karp y Arq. Eugenia Cides | Para Living

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Inés Hernández es periodista y directora editorial de la revista Susana. Optó por un departamento en el primer piso –los únicos con balcón-terraza– porque mezclaba las comodidades de un edificio con la sensación de vivir en una casa. Lo ambientó con una base neutra que le permite renovarlo fácilmente con detalles.

Frente al amplio sillón en ‘L’ (Amo mi Living), una mesa ratona antigua pintada de blanco sobre la que se luce un juego de backgammon que perteneció al bisabuelo de Inés. En el centro de la biblioteca modular de madera lustrada, libros que la madre de Inés encuadernaba a mano y un género antiguo, ta.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Amo las bibliotecas: en todas mis casas hubo una en cada ambiente. En el living es clara, como el resto de los muebles. Elegí una base neutra porque me aburro fácil y me gusta renovar cambiando los almohadones o la alfombra”.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Preferí darle prioridad al living y ubicar contra el espejo una mesa de comedor chica. Cuando el clima acompaña, puedo incluso sacarla a la terraza”.   Foto: Living  / Daniel Karp
La mesa de comedor se acompañó con sillas de madera lustrada retapizadas con lino claro. Detrás del sillón, cuadros heredados de su madre. Al otro lado, una falsa chimenea construida por un dueño anterior.   Foto: Living  / Daniel Karp
Madera en la mesa ratona y en las reposeras, que se usan también para sentarse de a varios. Hierro en las sillas antiguas y la estantería a medida para apoyar macetas y proyectar el verde también en dirección vertical.   Foto: Living  / Daniel Karp
Mesa traída de su casa anterior con sillas retapizadas con géneros antiguos que su mamá guardaba. Las alacenas vidriadas están repletas de vajilla de su familia, que tenía un anticuario. “Si se rompe un plato, lo lamento, pero no me impide usarlos todos los días. Descreo de que se arruine todo el ju.   Foto: Living  / Daniel Karp
“El dueño anterior amplió la cocina hasta la ventana, sumando el lavadero y un área de servicio. Lo único que hice yo fue pintarla. Es el lugar que más uso, para trabajar, pintar o bordar” .   Foto: Living  / Daniel Karp
Inés compró las cabeceras antiguas en un corralón de las Lomas de San Isidro, mandó a hacer la estructura a un tapicero, eligió imágenes de aves que le gustaron, las amplió y las pintó junto a su profesora Angelina Deheza. Completó con ropa de cama blanca, almohadones estampados (Zara Home) y un pie.   Foto: Living  / Daniel Karp
El baño, remodelado por el dueño anterior, se despliega entre moderno y romántico, con revestimiento de porcelanto y bacha flotante.   Foto: Living  / Daniel Karp
 

“Mis papás me tuvieron muy grandes, y mi familia tenía un anticuario. Cuando era chica, me daba vergüenza que todo lo que había en mi casa fuera viejo”, se ríe Inés. Y asegura que, en contrapartida, en sus viviendas de adulta eligió “todo moderno”. Este piso es su debut como dueña de un departamento (siempre había vivido en casas), y también la reconciliación con el encanto de lo antiguo. Hasta está atenta a las publicaciones del Buenos Aires Herald, que anuncian ferias por mudanzas de extranjeros, diplomáticos incluidos: “La casa se abre al público y todo está a la venta. Hay cosas muy buenas, y es un lindo programa”.

Inés conocía el edificio; de hecho, tenía una amiga de la infancia que vivía acá. “Es un clásico de La Lucila: fue el primero que se construyó en zona norte”. Además de la ubicación, sobre Libertador y a pocas cuadras del río, la convencieron el jardín que lo rodea, las bondades estéticas de la construcción y el amplio balcón-terraza que le tocó en suerte.

Carlota Ronchietto es artista plástica. Vive con su marido Francisco, su hija Catalina (estudiante universitaria) y el pequeño Félix en un departamento con vista al río que equipó trazando un delicado equilibrio entre el colorido de sus obras y la claridad de objetos cuidadosamente seleccionados.

Mesa de pallets con ruedas y tapa espejada, diseño de la dueña de casa. Macetas espejadas a tono y lámpara con pantalla de acrílico colgada bien baja (Luz & Más). En lugar de sofás, Carlota optó por dos sillones antiguos (Mercado de Pulgas) retapizados en cuerina blanca con almohadones estampado.   Foto: Living  / Daniel Karp
Juego de comedor antiguo estilo Chippendale –comprado en un anticuario y al que se le sacó el lustre y se patinó en blanco–, iluminado por un trío de lámparas plateadas. Detrás, un aparador de madera natural se combinó con coloridas obras esmaltadas de la dueña de casa.   Foto: Living  / Daniel Karp
Junto a la ventana, mesa de su abuela que Carlota pintó de amarillo. Allí se apoyan un buda de madera, una obra reciente y una lámpara con base de esferas y flamante pantalla en contrastante negro. Al lado, un caballito comprado en ‘Cambalache’, un anticuario de La Barra, en Punta del Este.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Cuando nació Félix, mudé mi taller al balcón para liberar un cuarto. Si sé que la obra no va a ser muy desordenada, me despliego también en la gran mesa del comedor” .   Foto: Living  / Daniel Karp
En la cocina, piso y mesada de granito negro y muebles en verde seco. En la pared opuesta, sobre el revestimiento de machimbre, obra de Carlota y afiches antiguos.   Foto: Living  / Daniel Karp
El cuadro que está apoyado en el piso es de la reciente serie ‘Crash Urbano’.   Foto: Living  / Daniel Karp
La mezcla de estilos ante todo: sobre la mesa de luz antigua, lámpara de acrílico de Kartell (Manifesto). Detrás de la cama con acolchado estampado de Roberta Allen (Falabella), selección de obras de una misma serie.   Foto: Living  / Daniel Karp
El baño se conservó tal como lo recibieron.   Foto: Living  / Daniel Karp
 

Carlota Ronchietto es diseñadora de indumentaria, tuvo su propia marca de ropa (Índiga, con sede en Palermo) y, en paralelo siempre pintó, formándose en incontables talleres de arte. Con una hija universitaria, hace menos de un año fue mamá por segunda vez. Tal vez ese salto sea el mismo que le dio valor para hoy dedicarse de lleno a la pintura.

Adiestrado por años de pensar en términos de forma, estilo y color, no es casual que el ojo de Carlota Ronchietto esté afinado también para ambientar. En el departamento en el que vive con su marido y sus hijos, se luce no sólo una vasta colección de sus obras, sino también un recorrido personalísimo de objetos y muebles que, lejos de seguir un criterio estético ad hoc, se encadenan con ritmo propio. Diseños con su firma, hallazgos vintage, ítems clásicos y elementos contemporáneos conviven en armonía. Y con el río como telón de fondo.

Jackie Xydias eligió prescindir de las divisiones y convirtió su departamento del sexto piso en un amplio loft. La ambientación, actualísima y despojada, está inspirada en hoteles de varias ciudades a las que viajó para competir en maratones, triatlones o carreras en bicicleta.

Orlando, el carpintero, hizo los muebles de incienso. En el living, sofá Chesterfield de gamuza marrón comprado en una fábrica, lámpara de pie con brazo móvil (Iluminación Agüero), sillón y mesa con base de madera y alfombra natural (todo de Kikely). Cubre el departamento de punta a punta un flamant.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Vaya uno a saber si es algo que viene de mi infancia o qué, pero tengo una fascinación tremenda con el rosa. Objeto rosa que veo, compro. Están por toda la casa” .   Foto: Living  / Daniel Karp
Rodeando la mesa del comedor, que es la continuación de la mesada de la cocina, sillas ‘Wishbone’ en madera a tono (Kikely).   Foto: Living  / Daniel Karp
Detrás del sillón, la biblioteca donde Jackie guarda su calzado y cascos deportivos, que tiene como fondo un ropero blanco que oculta también la entrada al toilette cerrado, lindante con el baño principal.   Foto: Living  / Daniel Karp
Debajo de la ventana se ubicó la mesada y alzada en mármol blanco, muebles con frente laqueado en blanco y bacha XL de acero inoxidable con grifería extensible Gessi (Barugel). Alineada en el centro, se ubicó la isla, que contiene el horno a un lado y espacio de guardado al otro.   Foto: Living  / Daniel Karp
Los cerramientos originales de la cocina se reemplazaron por una versión moderna de aluminio que abrió la vista hacia la ciudad y sumó mucha luz natural .   Foto: Living  / Daniel Karp
La división virtual entre el cuarto y el baño está inspirada en el hotel Fasano de Río de Janeiro: en este caso, se realizó en madera.   Foto: Living  / Daniel Karp
. La ducha ‘Gota’ de Gessi (Barugel), también tiene similar origen: Jackie la vio en el hotel Vik de José Ignacio. La zona húmeda del baño, dividida por una mampara de vidrio, se resolvió con piso de varillas de madera, que se continúan también en la pared.   Foto: Living  / Daniel Karp
 

Desde hace una década, Jackie se dedica a la competencia deportiva full time. Empezó a correr maratones en 2006; después, le siguieron las carreras en bicicleta. Aprendió a nadar el año pasado, y éste ya completó medio triatlón. Compitiendo es que viajó a innumerables destinos, y tomó de los hoteles en los que se hospedó ideas, conceptos y detalles arquitectónicos que aplicó en su departamento.

“Lo elegí por la ubicación, el edificio y la vista”, dice. La distribución interna era anecdótica. “Venía de vivir en lugares muy grandes: si me iba a mudar sola y a algo más chico, lo iba a readaptar para que me resultara lo más amplio posible”. De ahí que la obra eliminara todos los tabiques internos y se crearan muebles y divisiones livianas íntegramente en madera de incienso. “Contuve mi impulso de hacer todo en blanco y rosa y viré a algo neutro, por si después decido alquilarlo”..

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