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Zona de confort

El diseño de esta vivienda para cuatro juega a favor de la intimidad y de los momentos de disfrute. Una estética alegre y vivaz al servicio de la convivencia familiar

 
Foto: Daniel Karp

En el Bajo de San Isidro todo el mundo sabe qué es el “mal del sauce”, pero fuera de esas tierras ganadas al río no ha trascendido demasiado esa simpática leyenda. Tampoco hay mucho misterio; no es más que el flagelo que deriva de una siesta a la sombra de ese árbol y su consecuente modorra, una suerte de enamoramiento intenso, que incluye la imposibilidad de abandonar el lugar. Quizás por eso, acá los planes son a largo plazo; y para no quebrar el encantamiento, los espacios para el disfrute son la regla y no la excepción.

En esta casa vive una pareja con sus dos hijos adolescentes. Tanto es su sentido del confort que contrataron a Melanie Guibert para el diseño interior y el equipamiento de lo que sería una vivienda con dos sectores definidos: el de los padres y el de los chicos. El primero comprende el living-comedor con la sala de cine y una suite con escritorio y zona de estar. Por su parte, los más jóvenes cuentan con un playroom con parrilla y comedor, además de sus cuartos. Entre los dos, la cocina, que separa y es punto de encuentro cotidiano.

Será que es cierto aquello de que no hay mal que por bien no venga y el del sauce es el mejor ejemplo.

 
Foto: Daniel Karp

Cálido y frío: el dúo de mesas-bandeja se complementa con un modelo laqueado. En el sofá, almohadones de seda, terciopelo y piel sintética. La alfombra importada acompaña la escala y la gama del ambiente. En el pasillo se luce el piso de Travertino, que se aplicó en toda la casa.

 
Foto: Daniel Karp

Las espectaculares lámparas traídas de Murano no sólo impusieron su tonalidad en la cocina, también inspiraron la desmesura tropical del jardín. El cerco de cañas pintadas acerca la vegetación integrando el exterior. Comandada por las arañas de vidrio, la cocina tiene mesada de acero inoxidable, muebles enchapados y una mesa de guayubira con sillas modelo ‘Volt’ de plástico. En el jardín, las strelitzias contrastan con el fondo pintado.

 
Foto: Daniel Karp

En el playroom y los sectores conectados con la parrilla –áreas exclusivas de los chicos– los almohadones combinan todo tipo de estampas y las gamas adquieren sus versiones más juveniles

 
Foto: Daniel Karp

Una pared en gris y la paleta reducida a la menor cantidad de componentes para una atmósfera más acogedora y sin distracciones, acorde a un espacio de cine. Este sector originalmente era parte del living, por eso repite la alfombra. La obra lo transformó en una sala de cine equipada con sofá, pufs tapizados en terciopelo, mesas tipo nido y lámpara de pie francesa. En el detalle, escultura comprada en un mercado de antigüedades parisino.

 
Foto: Daniel Karp

En bandas rojas, la biblioteca es una declaración de forma y función.

 
Foto: Daniel Karp

Los colores primarios satinados resplandecen gracias a los grandes ventanales de planta baja y las rajas que llevan luz al primer piso.

 
Foto: Daniel Karp

Sin estridencias, la suite apela a las texturas de los géneros. Más sobria que el terciopelo pero de gran efecto visual, la pana se impone. La cama, pura calidez con tejidos, plumas y una manta color mostaza de Sekkei.

 
Foto: Daniel Karp

En la zona de estar junto a la estufa, sofá con almohadón grande de pana de Good Luck Casa y obra de la artista argentina Carolina Antoniadis. Mesitas trípode en dos colores y amarilla con lámpara, comprada hace años en la feria Puro Diseño..

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