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Una casa con mil tonos de calma

Este proyecto brilla en las transiciones suaves y no en los contrastes: el lujo de una arquitectura pertinente con un interiorismo sensible

 

Un proyecto vibrante que contemple también una atmósfera apaciguada donde relajarse al final del día. Ese fue el pedido de la clienta cuando encargó la remodelación de su departamento a los arquitectos Agustina García del Río y Juan Francisco Pellet, de Carbono Atelier. Pocas propuestas más atractivas para este dúo con vocación de generar ámbitos orientados a la persona, a “devolverle los medios para estar en armonía con su hábitat”, según definen.

Una arquitectura flexible, de eso se trataba. Horas de charla establecieron el universo material que mejor remitía a la idea de hogar de la dueña: ladrillo, madera y tela. En cuanto al color, concluyeron que el durazno le sugería calidez y el verde, calma. La nueva distribución, entonces: el escenográfico mundo de la cocina en mármol y paraíso y, en el otro extremo, el estar como una luminosa caja neutra donde el color aparece en verdes y rosados. El cuarto es el puente entre esos dos universos contrastantes con la misma paleta del living, pero en versiones más serenas. Pura empatía, en una sucesión de escenarios sensoriales que contienen y acompañan a nuestra anfitriona a lo largo de su día.

 

Paneles y cortinas de liencillo incorporan el paisaje con distintos verdes que van virando sutilmente hacia el azul y el cobalto para interactuar con los detalles en bronce. Las telas que organizan y decoran los ambientes fueron coloreadas en seco para darle nitidez al dibujo, y luego se tiñeron sectorizando con pinceles y espátulas para conseguir los efectos de profundidad. El mueble de petiribí tiene fondo revestido en corcho y cantos de bronce. Materia natural como fuente de color.

 

Izquierda: el blanco pasa del reposado asiento de ladrillo a una zona más activa, donde ese mismo zócalo se eleva a la altura de la mesa y cobra brillo en el mármol y la lámpara nacarada. Derecha: almohadones de gamuza engamados pero con diferentes diseños para el asiento empotrado del living y para las sillas Quilmes de chapa en el comedor. El artefacto de luz filipino hecho de caracoles suena con el movimiento de los comensales o con la brisa que entra por las ventanas.

 

El negro y el marrón –con las vetas de lo natural– trepan para contener la angosta cocina. En el comedor, el piso oscuro ancla una deco etérea; el tirador de la puerta es un guiño a los almohadones del living.

El tapiz de fieltro armoniza los elementos del dormitorio: los verdes más oscuros combinan con la frescura de la ropa de cama y los marrones terrosos se asocian a las cortinas en color durazno

 
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