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La entrada apta para todo público que lleva hasta el piso 10, donde están el Monkey Bar y el restaurante Neni. Dos hitazos: las colas para el primero y la lista de espera para el segundo son larguísimas. Un viejo Mini de 1959 se convirtió en “mostrador”: reciclaje de autos en tiempos de bicicletas.   Foto: Living  / Daniel Karp
Los peldaños con almohadones a lo largo de la parte trasera de la barra aseguran que más personas tengan vista preferencial al espectáculo que ofrecen las 200 hectáreas del parque Tiergarten. Al fondo, la isla del DJ. Un rasgo notable del hotel es su selección musical, perfecta en calidad y volumen.   Foto: Living  / Daniel Karp
El hotel está frente a un largo edificio (que hoy contiene oficinas y un shopping), construido en los 50 sobre pilotes para dejar pasar el tráfico y con un piso despejado, que dejaba pasar la luz. Esa división lo hacía parecer de “dos piezas”, y así fue como se lo empezó a llamar ‘Bikini’.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Para nosotros es crucial ser relevantes, auténticos. Este edificio habla de la posguerra en Berlín, está frente a íconos de la ciudad y elegimos para ambientarlo a un estudio de diseño berlinés”, Christoph Hoffmann, CEO de la cadena 25hours.   Foto: Living  / Daniel Karp
Desde esta terraza inferior, que da hacia la “jungla de cemento”, sale otra alargada que de un lado bordea el shopping; del otro, el zoológico, exactamente en la parte donde están ubicadas las jaulas de los monos. De ahí el nombre del “Monkey Bar”.   Foto: Living  / Daniel Karp
Con luces bien direccionadas, plantas colgantes y el Tiergarten a sus espaldas, la recepción enseguida nos pone en tema. Un dato: está revestida con azulejos originales de la vieja estación de subte de Alexanderplatz.   Foto: Living  / Daniel Karp
Caminando hacia el fondo, se llega al espacio que se ve sobre estas líneas, con islas de trabajo rodeadas de cortinas para darles privacidad y evitar reflejos sobre las pantallas. Entre ellas, sofá ‘Swing’ (Werner Aisslinger para Vitra).   Foto: Living  / Daniel Karp
Un sector de encuentro y relax limitado por una composición de viejos parlantes y cajas con discos de vinilo.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Werner Aisslinger visitó una muestra que estaba haciendo en la tienda Vinçon de Barcelona, y ahí mismo me ofreció dibujar las paredes de los espacios públicos y de las 149 habitaciones del hotel. Lo hice con marcador, y me tomó tres meses completar el trabajo” Yoshi Sislay, artista plástico.   Foto: Living  / Daniel Karp
Con horno a leña, la panadería despacha delicias que se pueden saborear leyendo el diario, remoloneando en las hamacas o en la terraza con la que se conecta.   Foto: Living  / Daniel Karp
La ambientación de las habitaciones –y del hotel en general–, le escapa de todas maneras posibles al lujo que inhibe. Más bien, la intención es de informalidad y sorpresa, de reproducir un poco ese collage que es Berlín.   Foto: Living  / Daniel Karp
“Las habitaciones que dan al zoo de Berlín son tan espontáneas y vivaces como los animales que se pueden admirar desde sus ventanas”.   Foto: Living  / Daniel Karp
Aunque estemos del côté urbano, no faltan plantas de interior. Distintas sensaciones que se logran mediante decisiones sutiles: si en el cuarto visto enfrente el revestimiento es en parte de madera, acá es de plancha de metal color bronce.   Foto: Living  / Daniel Karp
En el restaurante Neni, un rincón verde con espíritu de laboratorio: cultivo y elaboración de los alimentos en el mismo espacio. La gran pantalla hecha de libros pertenece a una edición limitada de Aisslinger, que en esta ocasión la armó, lógicamente, sólo con libros de jardinería.   Foto: Living  / Daniel Karp
En un extremo del décimo piso, el bar; en el otro, el restaurante Neni.   Foto: Living  / Daniel Karp
El piso elevado del invernadero –equipado con sillas de Aisslinger para la firma italiana Moroso– permite que desde el centro también se disfrute de la vista. Del placer culinario se ocupa Haya Molcho, la chef de origen israelí creadora de Neni.   Foto: Living  / Daniel Karp
Lo más lindo, su concepto de “balagan”: caos simpático que surge de compartir la mesa y los alimentos con nuestros afectos.   Foto: Living  / Daniel Karp
 

Un hotel inspirado en la naturaleza

Para el hotel 25hours Bikini Berlin, el diseñador Werner Aisslinger propuso un concepto que surge de su ubicación única y de la personalidad misma de la ciudad: la jungla urbana y la natural, mezcladas con historia viva y cultura creativa.

Por Daniel Karp | Para Living

Werner Aisslinger, de Alemania al mundo

+ Es uno de los pocos diseñadores alemanes que trascendió las fronteras y juega desde hace décadas en las ligas mayores: la silla ‘Juli’ que diseñó para la firma italiana Cappellini celebra su 20° aniversario, por ejemplo. Y por todo lo alto.

+ “No soy originario de esta ciudad, pero siempre quise venir, aun antes de la caída del Muro. Hace 30 años que estoy acá, y ya no hay vuelta atrás”.

+ “Fui a estudiar a Londres con las ‘estrellas en ascenso’ de la época: Jasper Morrison y Ron Arad. Después estuve un tiempo trabajando en Milán bajo las órdenes del grosso máximo: Michele De Lucchi. Cuando me recibí, vine a Berlín, donde todavía el diseñó no tenía entidad y todo era música, la cultura de la fiesta y el club nocturno”.

+ “En el hotel 25hours Bikini, el objetivo fue capturar el estilo de vida de Berlín.

La gente que viene de Tokio o Los Ángeles siempre está buscando su lado improvisado, el rompecabezas incompleto [¿podemos hacer un alto y aclarar que nosotros no?]. Este hotel es súper revolucionario: pasa tanto más allá de dormir…”.

Enviadas especiales: Mariana Kratochwil e Inés Marini..

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