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Tendencia en deco: 3 propuestas australianas para no perderse

Este galpón reúne a la firma de diseño Koskela, a Kitchen by Mike y a la escuela de la estilista Megan Morton: proyectos distintos, idéntica calidad y una misma filosofía: los productos locales, al frente

A priori, no parece haber motivos para alejarse del Centro o de los suburbios más coquetos para dirigirse a Rosebury, un antiguo barrio industrial con enormes oficinas remodeladas que dan toda la impresión de ser, hoy, empresas de marketing o de publicidad. Por las calles anchas y no muy arboladas, pasan pocos taxis y poca gente, pero, eso sí, vestida de topísimo sport, lo que vuelve a abonar la teoría de las firmas jóvenes.

Pero, aunque no se vea a simple vista, algo está pasando. No cabe duda.

El showroom de Koskela es amplio y luminoso. Los corredores son anchos, para que nadie se choque y se pueda circular alrededor de los muebles creados por él o por autores australianos que comparten sus nociones sobre el diseño “honesto” y el cuidado del medioambiente.    / Daniel Karp
La amplitud permite, también, acercarse a las mesas cubiertas de libros para hojear títulos de arte, diseño, fotografía, paisajismo, arquitectura o cocina de autores australianos; o dar unos pasos hacia atrás y admirar con cierta perspectiva la muestra de arte del momento.    / Daniel Karp
“Seguí tu corazón, confiá en tu criterio, hacelo con alegría” es el lema de Koskela, firma que fabrica muebles eco-friendly inspirados estrictamente en el estilo de vida australiano.    / Daniel Karp
 

Sin carteles que lo delaten, el elefante blanco al que nos dirigimos tiene una minúscula puerta que nos deja entrar al universo paralelo de Koskela (el showroom del diseñador y editor de objetos Russel Koskela), Kitchen by Mike (el restaurante estilo cantina de Mike McEnearney, que la revista Time Out acaba de celebrar como la mejor novedad de Sidney) y al multiespacio de la autora y estilista Megan Morton, que aquí despliega su otro rol: el de directora de escuela y profesora.

Cuando el espacio es demasiado grande para uno, conseguir vecinos de valores semejantes no tiene precio.

Ni salad-bar ni ceremonias. La propuesta en Kitchen by Mike es acercarse a la barra, para que la vista y el olfato también participen en la elección.    / Daniel Karp
Con su delantal de jean y una sonrisa de oreja a oreja, nadie pensaría que el señor barbudo que nos está sirviendo como una madre mientras sostenemos en alto nuestros platos esmaltados tiene en su currículum haber sido el chef del ultrasofisticado Rockpool, el restaurante más premiado del país.    / Daniel Karp
Pero con sólo probar un bocado de lo que ofrece Mike McEnearney, levitamos a unos cuantos centímetros del piso.    / Daniel Karp
“Eliminamos lo superfluo y pretencioso de un restaurante -la vajilla ostentosa, las reservaciones- para llegar a algo más honesto: el simple placer de la cocina rica y responsable”.    / Daniel Karp
 

MEGAN MORTON

 "Llevar lo real a lo visual. Es lo primero que les proponemos a nuestros alumnos de estilismo. ¡Y cómo se ponen! Porque es la parte dura del trabajo. Damos vuelta las carpetas y empezamos por el presupuesto y los tiempos. La zanahoria de la estética queda para el final" COMPARTILO

El colorido comedor forma parte del libro Things I love. Estimulante y lleno de ideas, cada página está complementada con una pormenorizada explicación de cómo lograr lo que buscamos dentro del estilo de cada uno. El casillero de club que hoy funciona como armario pertenece a la casa de Meg.    / Daniel Karp
Megan Morton en su sector, que incluye un estudio para hacer producciones fotográficas propias y ajenas, un inmenso depósito con toda la utilería necesaria para realizarlas y la escuela más concurrida del barrio.    / Daniel Karp
Mi casa es una mezcla en partes iguales de muebles buenos (lo que llamo: “comprar bien para comprar una sola vez”) y objetos reciclados como éste. Me gusta encontrarlos, trabajarlos y experimentar con ellos para poder compartir mis conclusiones”.    / Daniel Karp
Todo tiene proporciones inmensas en este predio. El estudio es un lujo de espacio y luz que está continuamente en uso. A la derecha, un momento de la entrevista con Megan Morton en el showroom de Koskela, en el que se siente y nos hace sentir como en casa.    / Daniel Karp
 

Como en cualquier lugar periférico, no era fácil encontrar en Australia, hasta hace un tiempo, algo con nuestra identidad", dice Megan Morton, y deja picando la pregunta sobre el porqué de la última línea que describe cada uno de sus cursos: "Todo lo que se enseña está relacionado con la industria del estilismo AUSTRALIANO (así, con mayúscula).

"Me parece interesante conocer el pensamiento de estilistas de otros países, por supuesto, pero la gente viene acá buscando, además de inspiración, soluciones para sus casas y, muchas veces, una salida laboral. Necesitan saber qué paga el mercado, cómo y cuánto trabaja un estilista para una revista local o una ambientación, cuáles son las dificultades, qué oportunidades concretas existen".

La realidad y la ficción

"Si una persona tiene una carpeta, la naturaleza humana lo lleva a llenarla", sentencia Morton a propósito de los miles de recortes que los aficionados a la decoración suelen coleccionar. "Como la mayoría de nuestros estudiantes son ávidos consumidores de revistas, sitios y blogs de deco, les proponemos una especie de desintoxicación: esa casa de la foto no es la casa de tus sueños; es la casa de otro, con otra realidad, otra familia, otra mascota, otra geografía. Lo real para cada uno es su presupuesto, cuánto tiempo tiene para mudarse; cómo puede construir, no una reproducción, sino el feeling que quiere.

–¿Qué les proponés para lograrlo?
–Ojo, aclaro que las imágenes sirven para empezar a hablar; pero, al que no tiene una visión tan clara, le proponemos apartarse de las imágenes por un tiempo y trabajar con "la caja de zapatos".

–Que vendría a ser…
–Dejar los recortes en la famosa carpeta e ir llenando –en el correr de varias semanas– una caja con pequeños objetos tridimensionales que le gusten: un botón, un anillo, un pedazo de género, una tacita. Ahí sí que la charla se torna interesante y nos ahorramos semanas de trabajo. Estamos hablando de algo real, táctil, tuyo. De lo que realmente te atrae. Y, aunque no lo creas, la famosa caja se convierte en una muy buena herramienta cuando hay que enfrentar el mareo de salir a elegir telas y pinturas..

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