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Una propuesta para decorar con arte

Un curador incurable nos invita a animarnos, comprar, y luego colgar sin restricciones. Para que nadie se prive de la experiencia del arte en cada ambiente.

Producción: Violeta Quesada | Fotos: Magalí Saberian | Texto: Lucrecia Álvarez.

Ya desde su mismo nombre (por su significado en inglés), la galería Mock se revela presta a burlar los límites establecidos. Uno de sus socios, el curador Máximo Jacoby, encarna esa ideología con convicción y la lleva a su propio hogar. "Hay que sacar el arte de ese lugar prohibitivo, que no está relacionado sólo con el precio -porque hay obra contemporánea de artistas argentinos de valor inferior al de algunos muebles- sino con un cierto prejuicio o temor por parte del potencial comprador". Mock va por esa meca: no negar precios, no negar el vínculo con el artista y tener "compradores" además de "coleccionistas". La propuesta artística es también interesante: un staff variable y una convocatoria abierta para proyectos de intervenciones no tradicionales en la galería, con el fin de darles visibilidad a los artistas jóvenes. Todo parece indicar que están en el camino correcto.

 

Hasta el piso
Máximo se inició en el arte de chico, influenciado por un tío artista y un padre aficionado. "Me presentaban a Oscar Bony, a León Ferrari, y yo no tenía consciencia de lo que estaba viviendo". Hoy en su casa, la serigrafía de Eduardo Iglesias Brickles, la primera obra que su papá le regaló entonces, se destaca por la relación de tamaño y color con el resto, y por su ubicación.

Sala de estar
El ambiente principal, donde la familia pasa más tiempo, reúne cocina, comedor diario y living. Aquí, el mosaico que domina el espacio se compone de una acuarela de Amadeo Azar, una obra azul de trazos geométricos de Inés Raiteri (la inesperada favorita de las visitas), un mapa intervenido de Zoe Di Renzo, dos collages en papel craft de Cynthia Kampelmacher, un raviol de cerámica con marco dorado a la hoja de Gabriel Baggio, el fotocollage con marco dorado de Fernando Goin; "Capitalismo tardío", de Daniel Melero, superpuesto con la impresión de una bombacha, de Laura Varangont; "Retrato de una mujer entre plantas", de Fabiana Barreda y un dibujo de Julián Terán con marco en madera natural.

 

Análisis
Máximo fue forjando su mirada profesional desde chico, e incluso siguió la carrera de Historia del Arte. Ahora, con todo el conocimiento adquirido, su gusto es nuevamente intuitivo. "Para decidir una compra tenés que arrancar por lo que te gusta y ponerlo a prueba con algunos filtros: evaluar al artista, al galerista, consultar, ver dónde iría... Pero tenés que confiar en lo que te gusta; después ver si te alcanza y te conviene".

La cocina
¿Cómo cuelga obra en su hogar un curador? "¡Por todos lados! En casa de herrero, cuchillo de palo -dice Máximo con picardía- acá nada está curado". Su filosofía es armar mosaicos que tomen el espacio, sin querer copiar a un museo, e invita a hacer composiciones regidas por percepciones propias y colgar según las relaciones que cada uno pueda hacer. En la cocina, con la colosal heladera Domec de los 80, se impone la pregunta sobre los cuidados prácticos: "Tengo una buena ventilación, cuido las distancias y la altura, pero hay un riesgo que asumo porque las obras son para vivirlas".

Cómo y dónde
La casa de Máximo y Clara es lo que los amigos llaman "Hospital de muebles", porque a ella le gusta reciclar piezas que encuentra en la calle. Es el caso del banco exterior (ver apertura) que, restaurado y pintado de blanco, sostiene un minibar y gran parte de la colección de arte, como el helado de cerámica de Ricardo Crespo y un texto mecanografiado de Zoe Di Rienzo. "Mi lógica es que la obra viva con vos, que sea parte del mobiliario, parte del relato de tu hogar"..

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