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Texturas y colores para lograr una atmósfera familiar

Una estilista de moda reformó apenas lo indispensable para hacer de esta típica stuga sueca un idílico refugio familiar de verano

El living se equipó con un sofá-cama que la familia conservaba desde hacía quince años. Fue retapizado con pana en violeta profundo aprovechando la habilidad de la dueña de casa..
Un rincón para los libros en la biblioteca de madera sobre la que resplandece un dorado dúo de espejos de una extinta tienda sueca..
En la cocina, una amplia mesada sostenida por una vieja estructura de hierro que aporta un aire industrial y ofrece espacio de guardado con cajones de manzanas y otros personalizados (Plantabox)..
Se preservó el revestimiento en machimbre pintado de blanco y se sumaron lámparas metálicas y un antiguo armario que completan el concepto industrial. El piso cerámico se colocó en reemplazo del original de madera..
Bajo la ventana con una cortina romana con motivo vintage escandinavo pintada a mano (Gysinge), un antiguo sofá vestido con mantas y almohadones oficia de banqueta complementado con sillas blancas (Form 1900)..
Aficionada al Toile de Jouy, la dueña de casa lo cubrió con un papel con el motivo Châteaux de la Loire (Fabrics Papers) y equipó con reliquias de familia, como el tocador del rincón, que perteneció a su madre, y la mesita de luz de su abuela..
En el baño principal pintaron de blanco los azulejos trabados y cambiaron el piso. Para darle apoyo a la bacha, colocaron un mueble con cerámicos decorativos que suma color y originalidad..
Para el dormitorio de Celeste, la mayor de las tres hijas, su madre quería crear una atmósfera similar a un cuarto que tuvo ella misma de chica..
Aquí se optó por el motivo Charcoal Pillemont (Sanderson) para el empapelado y se lo combinó con cortinas grises y una alfombra rústica al tono que le dan profundidad al ambiente..
Margaux sentada en la escalera que lleva a los cuartos: la pared conserva el tono azul ‘Tiffany'' que tenía cuando se mudaron..
En el enorme y agreste parque que rodea la vivienda, hay árboles gigantescos de más de 200 años que la familia aprovecha al máximo..
Micke, el esposo de Jennifer, fue quien tuvo la idea de hacer la casa del árbol con un carpintero amigo, de recuperar una casita de madera que estaba perdida entre el verde..
En la casita del árbol, camas de tamaño queen tipo camarote, con interior empapelado con motivo Gilpin Horses (Lewis Wood)..
“Los chicos aman la casa. Venimos hasta en invierno –aunque el viaje con la nieve se haga más largo–, porque disfrutamos mucho el tiempo que compartimos acá”.
“Cuidamos mucho la estructura original de madera: era casi una obsesión generar el confort necesario manteniendo la casa intacta”.
 

Producción: Matías Errázuriz | Fotos: gentileza Jenny Brandt | Texto: Lucrecia Álvarez.

Jennifer Jansch es una periodista y estilista de moda de origen sueco cuyo trabajo trascendió largamente las fronteras de su país. Después de triunfar en la Gran Manzana, Jenn, su marido Micke y sus hijas Celeste, Margaux y Caprice volvieron a su tierra y se instalaron en un coqueto departamento en Estocolmo. Cada fin de semana, la familia se iba al campo, hasta que se hizo evidente el deseo de tener su propia stuga, la típica cabaña roja de las praderas suecas. Fue hace ocho años cuando se enamoraron de la encantadora construcción de 1839 con living y cocina-comedor amplios, tres dormitorios en la planta alta, un pequeño cuarto en el último piso y un parque enorme con una arboleda centenaria. La compraron y encararon la reforma con calma: comenzaron por la electricidad, después las cañerías, y el resto lo fueron reparando a medida que era necesario: una filtración los obligó a cambiar el piso de la cocina, y las hormigas hicieron lo propio para la reforma del baño principal. Pudieron preservar, en el resto de los ambientes, los pisos de madera y los revestimientos machihembrados. El interior se pintó casi íntegramente de blanco para aprovechar la luz tan preciada en esas latitudes, se empapelaron los cuartos y se hicieron camas a medida para maximizar el espacio para recibir a las amigas de sus hijas. Los muebles son piezas de herencia familiar, de mercados de pulgas cercanos y básicos de Ikea. Todo combinado con almohadones, mantas y blanquería que Jennifer confecciona con su vieja máquina de coser en el altillo, mientras sus hijas juegan junto al gigantesco roble que custodia la casa..

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