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Una casa recuperada con mucho diseño

Visitamos la antigua casona de un jefe de estación en Florida, hoy reciclada por un escenógrafo amante del buen diseño.

La colección de discos de Gerardo está prolijamente organizada en un mueble que él mismo hizo a medida. En primer plano, una silla Eames de los años 70. "Es una joya", dice orgulloso Gerardo..
Las sillas de comedor son heredadas, y con restos de pintura de diferentes trabajos cada una se llevó un color. “Me gusta que sean diferentes. Además, a través del color, les saqué la formalidad"..
El living-comedor mantiene sus ventanales de vidrio repartido originales. Sobre la mesa amarilla retro, un candelabro (circa 1960) del alemán Caesar Stoffi que es un clásico de culto..
La vitrina estuvo por años en el patio de la casa de su abuela, tapada con una lona, hasta que Gerardo la rescató..
Wunderbar” (maravilloso, en alemán), describe en una sola palabra el espíritu de una casa donde no hay recursos obvios y a cada paso hay algo que emociona desde la nostalgia o desde el diseño..
Cuando llegó a esta casa, sumó algunos muebles que a nadie en la familia le interesaban y recuerdos de comerciales en los que trabajó, como este maniquí..
Gerardo vivió ocho años entre Berlín, Barcelona e Ibiza. Allí fue donde descubrió el mundo de la publicidad y donde surgió su fervor coleccionista..
En la cocina restauró las mesadas, tapó agujeros y trató humedades. Después, le agregó color, y santa solución..
La mesa era de un carnicero del mercado de Belgrano. Él la tiró y Gerardo la rescató. Por todos lados pululan radios vintage, tazas de porcelana y cafeteras compradas en ferias y anticuarios de distintas latitudes..
Llegamos al taller desde la cocina. La lámpara Jieldé (iniciales del diseñador francés Jean-Louis Domecq), un clásico del diseño del siglo XX, y que Gerardo compró, una vez más, en uno de los tantos remates por internet..
Su jardín y su arquitectura típica de estación de ferrocarril inglés, con los techos de pizarra en forma de rombos, el zaguán y sus amplios ventanales perduran intactos..
 

Producción y texto: Silvina Bidabehere | Fotos: Santiago Ciuffo.

De fondo suena Röyksopp –una banda noruega de música electrónica– en esta mañana de sol de otoño en la que recorremos la casa de Gerardo de Mendonça, melómano confeso. A medida que avanzamos para descubrirla, también vamos atrás en el tiempo. Por ejemplo, nos enteramos que la casa perteneció durante muchos años al jefe de la estación Aristóbulo del Valle, y que luego el Ferrocarril la vendió cuando mudó la estación a nuevas y modernas instalaciones en los años 60. Hoy, la municipalidad la declaró monumento histórico y Gerardo la vive como su tesoro. Allí vive y trabaja, en compañía de su gato, Florián. Nos cuenta que encontró la casa en un estado deplorable y que fue rescatando cada rincón con sus propias manos, y que la pobló de objetos que fue comprando durante años de viajes y de incansables búsquedas de clásicos contemporáneos en páginas de subastas online..

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