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Un espacio de trabajo cálido y colorido

La Merienda se llama el emprendimiento de objetos artesanales que les permitió a sus creadoras rodearse de diseños entrañables, manejar sus tiempos y homenajear sus raíces.

El estudio congrega muebles de varios estilos y procedencias que cumplen funciones bien claras y prácticas..
El ropero blanco lo compraron y lo reciclaron ellas ($400) y pronto le sumaron el aparador de madera ($600) y las sillas ($200 c/u, todo del Mercado de las Pulgas). Los sillones son un regalo de Aída Sirinian, una amiga que tenía un local en Palermo. La cajonera de tela roja fue hecha a medida..
Hilos, cintas, botones y otros artículos que compraron a una mercería antigua cuando cerró. En cuencos y frascos de vidrio, todos esos detalles aportan encanto y color..
No faltan hilos, alfileres, escuadra de madera y la máquina de coser, responsable de dar forma a tantas de sus propuestas. “La imagen, en nuestro caso, significa mucho, porque es parte de nuestro producto. Como hacemos cosas lindas, el showroom tenía que ser bello..
Sector de producción con estantes de madera (Maderera Córdoba) cortados en función del espacio y bacha que se ubicó lejos de las zonas de elaboración para evitar salpicaduras..
En La Merienda hay banderines de tela elaborados por Carolina y Carla, cajas de madera que luego forrarán con tela y retazos que guardan para crear nuevos productos..
 

Producción: Ana Markarian | Fotos: Magalí Saberian | Textos: Verónica Mariani.

Cuando éramos chicos, la merienda marcaba el mejor momento del día: con olor a tostadas y libertad para jugar. Para Carla Danio y Carolina Scotti, también significaba, entre otras cosas, revolver los costureros de sus abuelas –llenos de retazos y botones– y hacer muñecas de trapo. Estas socias devenidas amigas hicieron carrera en publicidad y cine y, un buen día, fueron madres. Sus recuerdos de infancia y sus ganas de disfrutar de sus hijos con sus propios tiempos las devolvieron a sus raíces, y así surgió la idea de crear La Merienda, un emprendimiento que desarrolla artesanalmente objetos entrañables.

"Como nuestras abuelas trabajaban con la costura, siempre estuvimos rodeadas de telas, hilos, color y estampados", nos explica la dupla, que desde el principio eligió trabajar con madera y tela, dos materiales nobles y perdurables. Así elaboran cajas de madera forradas en géneros, en varios tamaños y con un círculo visor que recuerda las viejas latas de galletitas. Además hacen cajones, cocinitas de madera pintada con puerta forrada, banderines de tela y cuadernos.

Sus primeros pasos fueron dados en casa de Carla, donde la marca armaba y desarmaba su lugar de trabajo todos los días. "De esa experiencia aprendimos las exigencias del oficio e hicimos pruebas de producto. Al mudarnos a este taller en el espacio Oihoy, ya sabíamos exactamente lo que necesitábamos".

Ideas

** "Al ser dos, dividimos ciertas tareas. Al principio se fue dando naturalmente; después, reforzamos la idea tomando en cuenta las habilidades de cada una y los roles que nos eran más cómodos. De todas maneras, nos reunimos regularmente para organizarnos y tomar las decisiones importantes".

** "Tenemos una muy buena relación y una manera similar de encarar el trabajo, lo que simplifica todo. Creo que nos potenciamos y que sabemos aprovechar la formación de cada una para unirla a la gran capacidad de trabajo que tenemos".

** "Nos manejamos con mucha intuición al principio, pero en un momento tuvimos que sumar una mirada externa. Eso nos ayudó a enmarcar este proyecto de manera más formal para seguir creciendo"..

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