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Un jardín voluptuoso y escultural

Con un proyecto en el que funcionaron en conjunto y armónicamente la arquitectura y el paisajismo, se amplió una casa avanzando sobre el jardín, pero manteniendo intactos los metros al aire libre

La pileta de hormigón, larga y relativamente angosta, ocupa un lado del terreno para poder dejar libre una franja continua de jardín..
La galería se planteó como una extensión del living-comedor, lo que se logró con carpinterías vidriadas que desdibujan el límite entre ambos ambientes..
Las esculturas están realizadas en chapa de hierro soldada. Se les dio su particular acabado con ácido nítrico; como resultado, se obtuvo un tono óxido que se destaca dentro del entorno sin artificialidad..
La amplia parrilla con leñera y, en primer plano, un plato de hormigón con echeverrias, plantas suculentas de bajo mantenimiento, fácil reproducción y aspecto de rosa..
La palmera centenaria es una de las grandes protagonistas del espacio y, desde luego, jamás se pensó en tocarla sino todo lo contrario, adaptarse a su ubicación y enfatizarla..
Para este sector, Mirelmann utilizó Strelitzia nicolaii, una planta muy usada en jardinería por lo exótico de sus flores y sus grandes hojas perennes. A nivel del piso, entre la piedra bocha, Dietes grandiflora..
Contra la baranda de acero, nuevas macetas de fibrocemento contienen una huerta con tomates cherry, frutillas y una generosa selección de aromáticas..
Vista desde el fondo del jardín hacia la galería y la terraza. A los laterales, una cortina de dodoneas plantadas en cubos de fibrocemento que filtra las miradas desde las casas vecinas.
Vista desde la terraza hecha con deck de madera de lapacho, de gran dureza y durabilidad. Más allá de la baranda, el espacio libre aparece relleno con piedra bocha..
 

Producción: Arq. Eugenia Cides | Fotos: Daniel Karp.

Desde su especialidad, el paisajista Max Mirelmann participó de la reforma a cargo del arquitecto Rodrigo Aja Espil. Además del trazado del jardín y de la elección de las especies, Mirelmann incluyó una serie de obras del escultor Gerardo Wohlgemuth, que terminan de cerrar el carácter único de este espacio.

El proyecto de Rodrigo Aja Espil partió de dos premisas: la necesidad de ampliar y la voluntad de mantener y potenciar la historia de la casa, estrechamente ligada con su espacio verde. "A partir de eso, reestructuramos la vivienda original y creamos un segundo cuerpo, inmerso en el pulmón de manzana, que hoy contiene los espacios sociales. La articulación de estos volúmenes se da a través de dos patios que benefician el conjunto con su aire, su luz y una relación constante con la naturaleza", explica el arquitecto..

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