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Tendencia en París: lugares para comer lindo

En una ciudad que se camina, hacer un alto a la hora de almorzar o, simplemente, tomar un trago o un café, es parte del programa. Les damos algunas direcciones que, además, los van a sorprender por sus brillantes puestas en escena

 
CAFÉ GERMAIN | 25, rue de Buci. Otro "producto" de los hermanos Costes –famosos por sus hoteles ultra chic que imantan celebridades- este café en el corazón de Saint-Germain-des-Prés también deslumbra, pero se abre a una clientela joven e informal.

La impactante escultura de Xavier Veilhan, ‘Sophie’, es el centro de atención en el salón con piso damero que se abre a la calle mediante puertas-ventana pivotantes, y también en el piso superior, reservado para fiestas privadas, un espacio amortiguado del ruido por moquettes de motivo geométrico (bien años 70), paredes enteladas y pufs tapizados en pied-de-poule. Hacerla atravesar el techo no solamente es un genial golpe de efecto -que contribuye con la atmósfera de relax y diversión-, sino que transmite la ilusión de que se hallaba ahí desde un principio, de que toda la obra giró a su alrededor. Su amarillo concuerda con la propuesta decorativa de India Mahdavi, arquitecta y diseñadora de origen iraní, que eligió tonos intensos para que se recortaran sobre ellos desde los silloncitos "dibujados" con tachas hasta el aplique hecho con cucharas de cerámica, entre mil detalles cautivantes.
Afuera, nada de mesitas que se chocan. Como si fuera una barra al aire libre, la línea de asientos de cuero elevada se funde con la fachada y nos deja ver todo desde otra altura.

 
ROSE BAKERY | 30, rue Debelleyme. Sin letrero a la calle, aquí llega el que sabe lo que es bueno (léase: orgánico, fresco y auténtico).

Más allá de cualquier tour 360, sería fantástico poder incluir en una nota el aroma del lugar. Ojalá baste con decir que Rose Bakery está tomado por el perfume de manzanas, duraznos, canela y masa sablé. Y subrayar lo importante de esa cuarta dimensión como factor que nos hace sentir bien y nos da ganas de quedarnos. Esta empresa, con patas en París y Londres, es obra del matrimonio Carrarini. Después de dedicarse al catering durante 20 años, Rose (inglesa) y Jean-Charles (francés) abrieron su primer local a la calle en 2001, ante la frustración de no encontrar lo que querían comer. "¿Y qué queríamos? Algo orgánico y fresco". Las poquísimas heladeras y la cocina a la vista dan fe de que lo lograron. Los que compartan su credo, no dejen de indagar en el último libro de Rose: Breakfast, lunch, dinner.
 
HUGO | 22 Place des Vosges. Tanto en el interior, como en su extensión bajo la recova que mira a la Place des Vosges, el café Hugo equilibra intimidad, luz y color.

Queda a pocos metros de la casa de Víctor Hugo, frente a la Place des Vosges, en el mismísimo centro del barrio histórico y cool que es Le Marais. Y si bien hay muchos otros cafés para elegir a su alrededor, éste atrae desde lejos con sus llamativas lámparas de cristal, que le dan un toque audaz sin desentonar con el entorno.
 
WEISS | 62, rue de Seine. Con chocolates de altísima calidad que se ofrecen en combinaciones exóticas y modernas, Weis también derrite por lo exquisito de sus locales y vidrieras.

Las vidrieras de Weis, que se cambian cada pocas semanas, nos hacen parar en seco con un recurso tan sencillo (pero impecable, eh) como aros de manguera enhebrados con macarons hechos con esponjas de colores. O las islas-exhibidor, con tapas de cuero y bases rodeadas por jaulas con semillas de cacao barnizadas. Otro detalle simple y efectista: las tabletas de tamaño idéntico, envueltas en papel variado según el sabor, puestas como libros en una biblioteca.
 
SAINT REGIS | 6, rue Jean du Bellay. En este bistró de la Ile Sain-Louis, los platos son rápidos y ricos; la decoración, cuidada hasta en sus más mínimos detalles.

Reinaugurado hace poco, el St. Regis tiene una ubicación ideal para sentarse a ver la gente pasar. O disfrutar mientras se espera una hamburguesa de salmón mirando las paredes con azulejos angostos, los platos del día anunciados en los espejos, las lámparas vintage o las baguettes en jaulas de alambre. Todo sintoniza: desde la tipografía en el letrero, las tarjetas y el menú, hasta el protector de pantalla de las compus.
 
POILÂNE | 38, rue Debelleyme. La gran galleta -hecha con cientos de bolsas de papel de la panadería- es una instalación coherente con la marca por tema, color y ánimo sobrio (pero canchero).

Muchos bistrós de París aclaran en sus menúes que sus sándwiches están hechos con "pan Poilâne". Es que, de su breve lista de productos artesanales está excluida la baguette, y es sabido que sus hogazas se cocinan en hornos a leña. Esa concisión se lleva a la puesta: materiales nobles, colores neutros e ingeniosas alusiones al producto que se notan si se mira atentamente, como las lámparas barnizadas hechas de pan.

 
ALCAZAR | 62, rue Mazarine. En su restaurante parisino, el gurú del diseño inglés Terence Conran propuso una brasserie siglo XXI.

Un continuo, los sillones de pana reiteran la costumbre de la proximidad a la hora de comer y se complementan con sillas de bar. Más íntima es la situación que proponen los semicírculos de madera calada, que rodean mesas redondas. Casi todas de terminación brillante, no se cubren con manteles: basta con un camino. Colgando de la doble altura se hizo un arreglo floral fuera de escala en una gigantesca semilla de cacao. .

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